La regulación del cannabis ha ganado impulso global, con cada vez más países
adoptando marcos legales que permiten su uso controlado. En lugar de una postura
prohibicionista rígida, la tendencia mundial se orienta hacia una regulación basada en
la evidencia y con un enfoque en la justicia social. Este cambio es una respuesta a los
fracasos de las políticas prohibicionistas que han exacerbado problemas como la
violencia, la criminalización desproporcionada y el estigma hacia los consumidores.